miércoles, diciembre 30, 2009

Cigarrillos y alcohol

Vos que con un eufemismo perfecto me decías que dejara de afearme. Y yo que trataba de decirte que era la única defensa que tenía para que personas como vos no me atormenten. Por suerte, el consejo te duro poco y te fuiste con esa chica. La cerveza y el ron mezclados no fueron suficientes para dejarse llevar. No soy de tu especie. Tampoco de la misma raza que el resto. Puedo entender y convivir pero no pertenezco. Tampoco quiero el encierro tácito cuando afuera está Paris. Soy así, soy esta oscuridad de cielo encapotado. Y la falsa claridad de un pasado de Buenos Aires.

Después me fui de ese bar. Las acompañé al taxi y sin saber por qué reculé para bordear el Sena. Me cruce con esa francesa de aliento pesado de cigarrillos y alcohol. Cuatro palabras extranjeras y camino conmigo. No hacía frío y ya no llovía. Hicimos lo único que se podía hacer. No hubo amanecer romántico sólo un arrepentido cómo se escribe tu nombre para anotar tu número.

El asco de la mañana, la sed de los recuerdos de la noche anterior. El día fue pasando. Ahora limpio, cambio las sábanas y me visto con otra ropa. Borremos el horror de saber que no se puede reemplazar el oro con cobre. No quiero esa bijouterie barata. Pero la otra cuesta caro como todo en esta ciudad.

Parece que las cosas no cambian, se repiten de a ratos. Como la pausa entre trago y trago, entre un cigarrillo y el otro.