jueves, octubre 30, 2008

Cifrados II


Toda mirada será la tuya. Todo deseo será el mío. Doblo la esquina y ahí estas, segura, indiferente esperando que todos te vean. Te miro, me sonreís. Te hace feliz que miles de ojos se desesperen por vos. Esquivo a dos hombres acarreando un perchero, la calle Corrientes se desangra en gente. Entro a ese bar que alguna vez imagine. Somos tres esta vez, a ella la conozco, se de sus pliegues, se de sus secretos a media voz. A él no, tampoco se porque esta ahí. Me adapto, escucho. El humo y la luz danzan solitarios y yo los observo. Me acuerdo de la terraza que soñé ayer. La vista al mar y la ciudad rodeándonos. El blanco brillante del sol reflejado sobre ese suelo disparador. Ella y yo sentadas viendo la tarde pasar. Miro a los costados y ahí estas vos otra vez. Raquítica, desquiciada repitiendo una frase que logro leer en tus labios pero no puedo escuchar. Me acerco para consolarte y te desvaneces en mis brazos. El hombre del costado nos mira acusante. Una puntada me hace soltarte, caes en la silla como agua derramada. Repito no y acompaño mi negación con el gesto correspondiente. NO. Sos un fantasma, te conjuro, te desaparezco. NO. El dolor no desaparece pero se hace cada vez mas leve. Vuelvo a mi mesa. Y la abrazo a ella. Le digo promesas al oído. Él me mira y ella no me escucha. Repito mecánicamente mis palabras pero no hay respuesta. El blanco quema la escena. Todo queda fuera de foco. Tengo miedo, ella no respondió y tal vez elegí mal. Huyo, me escapo. Mi limbo me espera maternal para la evasión. Mi huida es valentía. Mi huida es soledad. Mi huida es la resistencia. Ella no respondió y mi promesa sigue flotando en el aire. Leo el título de un libro como un suplica, como un pedido al que accedo. El silencio, cómo interpretar el silencio. Cómo llenarlo de palabras si no hubo respuesta. Huyo por mi bien. Me replegó, me defiendo de mi fragilidad, soy vulnerable pero conciente. La meta está cerca. El campo de batalla se amplia pero esta desierto y no hay partículas que se consideren elementales ya. La vida es una novela objetiva en la que oficio de narrador y la incertidumbre me acompaña en cada frase. La realidad me arrebata, me interpela, el dolor vuelve en secreto para instalarse.

viernes, octubre 24, 2008

Cifrados I




La escena parecía salida de Rayuela, solo que con algunas variantes. Yo no era Oliveira y ella no era la Maga, o si? Coltrane sonaba de fondo mientras el ingles liquido y enigmático de T. S Elliot llegaba a mi a través de su voz. Unos días antes hubiera imaginado esa secuencia. Quizás hubiera sido menos perfecta quizás hubieran sido otros los poemas. La equis siempre marca el lugar del tesoro, me pregunto cuál será este tesoro que debo de desenterrar. La equis señala el punto de llegada, me pregunto desde donde habré partido para llegar hasta ahí. Equis marca el enigma a descifrar, marca la incógnita pero también es la falta. Cómo despejar equis, como despejar equis fue acariciarla. Paso cada cifra con el signo contrario, hago la cuenta, desarmo de a poco esa incógnita que me atrapa, que me hace reír mucho.
La escena podía haber sido una película de Subiela, claramente nuestros cuerpos fusionados se hubieran colado en el lado oscuro del corazón. Y entonces el guión hubiera tenido mas versos de Girondo y menos de Elliot. Y ella, mi equis, los hubiera leído desnuda sentada junto a la ventana, conmigo observándola desde la cama. Pero fue mejor porque escapó al lugar común, y los poemas desfilaban en ingles y al mismo tiempo que el mate con yerba de yuyos se detenía en su mano mientras que con la otra me abrazaba. Yo sostenía el libro en una empresa conjunta de lectura cooperativa. Y en lugar de Coltrane hubiera sonado otra música de fondo, pero yo disfrute de su silencio, de su mente en blanco. Del no pienses en nada solo sentí. Sentí mi boca, concentrate solo en ese fragmento de piel, solo en el mínimo punto que marca la equis.
La escena definitivamente podría haber sido otra, parecida pero distinta, pero fue esa la mas exacta, la escena equis. Mi equis despejada, mi equis felina, mi equis indecisa. Esa que conoce el sentido literal de las palabras, la equis que se desata lenta a medida que la ecuación avanza.

martes, octubre 07, 2008

Otros poemas


Visiones suicidas

Sueño con puntos rojos.
Perfectos círculos que dibuja la sangre que gotea de tus manos.
Marcas carmesí que señalan el camino.

Arremeto con la palabra para convocarte,
mientras tus muñecas lujuriosas,
emanan el líquido que te sostiene.

Entonces,

Sueño con puntos rojos.