lunes, abril 02, 2007

Muerte para L.


El despertar

La luz de la tarde se apaga lentamente, suaves destellos iluminan los objetos que toman un aspecto irreal.
El día estuvo nublado un manto brumoso cubría el cielo. Lou Reed suena de fondo. Que mágico es ese momento en que el día deviene noche.
Entonces otra vez te escribo mi muerte para vos, para L. Creo que esta vez Lou Reed puede ser un buen tema para comenzar. Vos adorabas su música y yo no y a fuerza de hacérmela escuchar ahora me encanta. Creo que lo que mas me gusta de su música es que me hace acordar a vos. El primer día que la escuche fue en tu casa una tarde, cuando llegue vos estaba a pleno con New York y me pusiste The last great american whale y yo solo por pelear te dije que no me gustaba ni un poquito. De ahí en más todo el tiempo me hacías escucharlo. Así fue que de a poco fui comprendiendo la grandeza de su música y entendí porque te fascinaba tanto. Entendí porque esa época pop te había marcado tanto y como a partir de ahí te creaste esa personalidad entre dark y hippie. Supongo que por eso fuiste a New York y no a Paris como yo. Vos eras el prototipo de chica artista-depresiva de los setenta y yo la bolche de preguerra de la una Europa liberal. Y claro como no íbamos a explotar si era como juntar dinamita con fuego.
Lo mismo me paso con los gatos, vos adorabas a tus gatas y yo nunca había tenido contacto real con gatos, siempre tuve perros. Y a fuerza de ir a tu casa y enamorarme de Lenka me empezaron a gustar los gatitos. Fue por eso que le puse Lou a mi gato, porque al igual que Lou Reed los gatos no me gustaban pero cuando los empecé a conocer me di cuenta que los adoraba. Solo necesitaba entenderlos. Ahora no me imagino mi vida sin Lou, es mi compañero. Y aunque peleamos todo el día, invade con sus pelos mi casa y mi cama ya dejo de ser mía lo adoro, realmente, lo adoro.
Es un poco raro esta muerte de hoy ya que no esta cargada de reproches como las anteriores. Es, creo, como un puente para empezar a explicar nuestra historia o mas bien mi historia porque esta es mas mi historia que tuya. También sirve para entender porque pase tanto tiempo al lado tuyo, no siempre eran momentos malos. De hecho fueron mas los buenos aunque los malos me quedaron marcados con un tinte mas oscuro.
Hasta hace un rato estuve leyendo “Vigilar y Castigar”, tu “Vigilar y Castigar” y mientras leía no podio dejar de pensar que extraño mucho nuestras charlas. Extraño poder hablar con alguien en mi mismo idioma. Aunque es cierto que en el último tiempo casi no hablábamos y vos estabas a pura escuela y ya ni pensabas en Filo pero igual seguíamos teniendo ese entendimiento casi sobrenatural. Quizá esta nostalgia es más de una época que de vos, quizá extrañó tener veinte años y solo la preocupación de saber la etimología de las palabras. Hoy las cosas son mas concretas, pagar el alquiler decidir que servicio pasa al segundo vencimiento y como hacer para llegar a fin de mes con veinte pesos nada mas. Por eso fue que me puse a leer a Foucault, porque me resisto a perderme en esa cotidianeidad de TV. Quiero volver a mi Europa del ´20, no me gusta este 2000 de celular y mensajes de texto. Y si bien esta etapa es mucho mas tranquila emocionalmente esta dormida intelectualmente. Por eso esta muerte para vos, para renacer, para volver a pensar, para que lo importante vuelva a ser una hipótesis de lectura y no quien quedo nominado en Gran Hermano. Esta muerte es mi sacudon intelectual para despertarme igual como cuando te conocí y me sacaste de la somnolencia de una biblioteca flaca y hambrienta. Con la diferencia que hoy corro con la ventaja de diez años mas de vida. Así que acá va mi muerte como un puente, como una cantata, como una nueva partitura que da comienzo a una compleja sinfonía de palabras.

domingo, abril 01, 2007

Muerte para L.

Los libros de la buena memoria

Siempre que hablo de vos digo que sos actriz pero nunca digo que también cantas y muy bien por cierto. Mientras escribo estas líneas escucho al flaco cantar “los libros de la buena memoria” Es imposible que no me asalten los recuerdos. Siempre que te escribo vuelvo sobre las mismas escenas, los mis hechos por eso creo que esta es la primera vez que escribo sobre tu etapa de cantante de la banda de tu primo. Me acuerdo que ese domingo que te vi ensayar por primera vez fui a almorzar a tu casa para después ir a la casa de tu primo a ensayar, ese domingo hacia muchísimo frió. Estaba también tu otro primo G. Aunque te parezca extraño me acuerdo hasta lo que tenias puesto. Esa remera a rayas rojas y negras (como la de Freddy Kruger) un pantalón negro y tus coturnos de plataforma negros con la estrella roja atrás. En esa época estabas muy flaquita, me acuerdo que cuando te abrazaba podía casi darte dos vueltas con mis brazos. Esos eran los días posteriores a tu crisis, tomabas Ribotril a mares y no comías. Recién estabas empezando en la escuela. Eran una época sombría, una época muy iggipop si vale como adjetivo. Ese domingo cantaste “Bring me the nigth”de The Police y “Mate Kudasai” de King Crimson. Ese domingo también llovía como hoy. La salita de ensayo era chiquitita, me acuerdo que me quede en un rinconcito viéndote cantar y tratado de contener mi emoción. Pero cuando cantaste “Una canción diferente” no pude más. Toda la canción busque tu mirada y no la encontré. Vos sabias todo lo que me estaba pasando en ese momento pero como siempre preferiste ignorarlo.
Como hubiera querido al menos que me mandaras a la mierda pero ni eso, solo hiciste como que no pasaba nada, como si yo fuera solo una buena forma de sostener tu estima. Otro paliativo como el Ribotril o la paroxetina. Hoy todavía este recuerdo me duele y sin embargo acá estoy escribiéndolo.
Después de ese domingo fui a verte ensayar muchas otras veces mas, bueno no tantas una o dos creo, y después vino la primera presentación, en ese club de Caseros para el cumpleaños de no se quien. ¿Te acordas? Muchas cosas pasaron ese día como cuando en honor a mi dijiste antes de empezar a cantar “vamos” levantando la mano como en la obra que habíamos visto el fin de semana anterior, pero lo que quedo guardo en mi, fue cuando ganada por los nervios pensaste que te habías olvidado la letra de “los libros de la buena memoria” y para repasarla viniste y me cantaste toda la canción al oído. ¿Que pensabas cuando hiciste eso? si vos sabias lo que yo sentía por vos. ¿Que pensabas? ¿que no me iba a afectar? Solita igual que ahora me guarde todo mi dolor para no arruinarte la noche. Sola igual que ahora me dormí esa noche llorando, sintiendo aun en mi oído el vapor de tu voz cantándome bajito “El vino entibia sueños al jadear”
Que creías que yo podía sentir mientras vos me cantabas “mi boca besara toda la ternura de tu acuario.”
A veces no puedo creer que te haya permitido que me lastimaras tanto, así tan impunemente con tanta decidía y sin medida.
Como no se iba a llamar esto Muerte para L. si cada vez con tus acciones me matabas un poco. Y lo peor es que somos muchos los muertos de amor que dejaste en el campo de batalla. Ni siquiera tengo el privilegio de ser la única, ya que esto nunca fue un duelo sino una guerra, muy desigual ya que vos tenías armas atómicas y nosotros peleábamos solo con los puños.