jueves, marzo 01, 2007

Muerte para L.


La deuda

Otra vez me ataca el insomnio, no pude dormir hasta la 4 de la mañana y cuando finalmente lo logre, tuve un sueño pesado y pegajoso. Un sueño atiborrado de escenas incongruentes, barroco, en donde se me colaban imágenes de la película que había visto antes de dormirme.
Cuando me desperté llovía con fuerza eran las 6.30 de la mañana pero estaba oscuro, aun ahora sigue gris el día. Es de esos días perfectos para escribir, días de verano lluvioso que simulan ser invierno. Desde hace unos días esta rondándome esa sensación de necesidad de escritura. Supongo que tiene que ver con que hablamos, después de un año de palabras sueltas sin sonido, hablamos. Como siempre discutimos, casi como si no hubieran pasado años y experiencia en el medio. Y entonces otra vez escribiéndote para limpiarme. Será por eso que los días de lluvia son perfectos para escribirte, porque el agua cae redentora, salvadora y purifica. Hace unos minutos termine de leer un libro y me sigue la nostalgia como siempre que termino de leer algo que me gusto, y que de alguna manera contribuyo a cambiar algo en mi. Creo que mas bien es un dolor un pequeño dolor de duelo porque algo se termina, finaliza, aunque sea algo tan simple como leer un libro. Como cada vez que termino de escribir una de mis muertes para vos. Y las leo y las releo para no perderlas para no dejarlas. Así como esta deuda económica que aun nos une y no quiero cortar por miedo al dolor, por miedo a saber que quizá ya no te importe saludarme para mi cumpleaños o para alguna fecha especial. Por miedo a terminar estas muertes de una vez para siempre.
Nunca hubiera imaginado que me ibas a llamar de esa manera, y sin embargo era muy factible, porque no fue más que una muestra más de tu egoísmo para conmigo. Y no porque me reclames algo que es tuyo y que estas en todo tu derecho porque entiendo que 7 años es mas que suficiente para saldar una deuda. Sino la forma, las palabras que usaste, y esa maldita manera que tenes de ponerme en ese lugar horrible, el mismo que tiene tu viejo para vos. Ese lugar del abusador ausente que se quiere redimir con plata y, sin embargo, ni en eso cumple. Me pregunto por qué, por que no podemos cambiar nuestra historia, por que siempre esa lógica perversa nos persigue y aniquila, porque estoy segura que no sos la mala de esta película y que somos por partes iguales victimas y victimarías a la vez.
Quizá sirva rememorar los hechos para entender o solo como hasta ahora para desahogarme. Ese año 2000 llego para mi bastante enrarecido con un clima familiar preseparación en donde cualquier cosa era valida para discutir. Así llegue a fin de año con seguro de desempleo y una indemnización recién cobrada. Y obviamente mi primer despido. Llego el verano y con N. decidimos o más bien ella decidió irse a Europa y yo en un arrebato de inconciencia la seguí. En ese momento aun era posible hacerlo con poca plata ya que reinaba el uno a uno y nosotros nos creíamos en el primer mundo. Vos y yo no se en que etapa andábamos pero seguramente seria de eso periodos de tranquilidad, esas mesetas afectivas que con gran esfuerzo alcanzábamos y una vez ahí nos empeñábamos en destruir. Porque no era solo yo la que venia a perturbar nuestra amistad con planteos de otra índole. Porque si bien yo te decía las cosas de frente y a quemarropa vos venias con tu manipulación espiralada y me envolvías son tu manto de histeria y dolor. Así, fue que me ofreciste ayudarme con la plata del pasaje. Todavía me acuerdo el momento en que me diste los billetes verdes, esos que estaban guardados en un portarretratos. Y viaje y fue una de las cosas mas felices que me pasaron. Y no me arrepiento de haber aceptado tu ayuda. Pero si me hubiera gustado que viajaras conmigo, y sé que si hubieras querido lo podías haber hecho, pero no quisiste. Y ahora la deuda se agranda y se profundiza por los años que pasaron y por el resentimiento de un viaje que no fue y por la frustración de una vida que no tenes. Fueron muchísimas las veces que te dije que la torre Eiffel y Paris fue una tortura sin vos. Si me la pase llorando a la par de esa garúa que no cesaba y que convirtió a mi amado Paris en una ciudad gris y mojada. Igualmente en honor a la verdad también hubo momentos de extrema felicidad como cuando pise por primera vez las aulas de la Sorbona. Y camine por eso mismo lugares donde Julito y la Ale habían caminado. Lugares que yo había conocido en palabras y ahora veía en imágenes. Mientras escribo esto me imagino como hubiera sido si hubieras estado ahí conmigo. Que explosión! Dinamita vos y yo juntas en Paris. L.y M. recorriendo el Louvre, caminado por la placita de Notredame o por Montparnasse o Champs Ellysses. Imparables, pero no sucedió. Lo único que paso es que yo te llame un martes desde Barcelona para saber como te había ido en el final de lingüística. Eso solito fue todo nuestro contacto transcontinental. Nada de romanticismo, nada de la Maga y Olivera perdidos y encontrados en Paris. Nada de nada. Como siempre ese vació que nos separa y unía a la vez. Ese mismo vació que siento ahora como un agujero negro que me obliga todo el tiempo a meterme más y más adentro mió. Ese vació que me implosiona.
A medida que escribo el sentido de todo esto se va desvirtuando, creo que se esta convirtiendo en una larga carta llena de reproches mas que mi versión de los hechos. Quizás mi versión sea eso un largo reproche por las cosas que no fueron o peor aun por las cosas que si fueron. Como la llamada del martes a la mañana, como ese mensaje nefasto del sábado a la tarde. Como tu silencio ahora que conseguiste lo que querías y todo de una sola vez.
La claridad con esa luz particular de los días de lluvia, esa luz filtrada de una manera especial quiere invadir el día. Y aunque lo intenta ferozmente el gris no se retira. Ese gris que se queda en mí con este sabor amargo que me produce cada una de mis muertes para vos.