sábado, febrero 10, 2007

Muerte para L.

Línea dos.

Ahora, escucho Queen, leí todo el día, un libro de Florencia Abbate “El grito” después mire dvds, después, fume un par de secas y me puse a escribir.
Así empiezo, otra vez, a escribirte creo que la ultima vez me quede en ese primer día que nos conocimos en la clase de filosofía, a la clase siguiente por timidez y miedo pase sin saludarte y me fui a sentar al fondo protegida por mis walkman, cuando termino la clase me acerque y me saludaste, muchos años después charlamos por esa segunda vez que nos vimos y vos me reprochabas que no te hubiera saludado.
Es raro volver a vivir esas escenas de la mano de los recuerdos, tienen un sabor dulce y triste. No estoy muy segura como sucedieron las cosas después, pero si se que ya para la tercer vez que nos vimos te dije que era bisexual para ver como reaccionabas (para ese entonces no tenía muy en claro que decir y me parecía que decir bisexual era menos chocante que lesbiana) no me acuerdo bien que dijiste pero me pareció ambiguo. De ahí en más me aprendí los horarios en que cursabas las otras materias y te esperaba en la mesa del partido para verte, o justo cuando era el horario en que estabas caminando para llegar a la facultad, me iba, así te cruzaba en la calle. Fue una de esa veces que me préstate “Cartas a un joven poeta” yo casi me muero de la emoción. No estoy segura si alguna vez te confesé esto, ahora, me imagino, que perdió toda emoción enterarte a través de un libro.
Antes de eso, creo, ya se me confunden los tiempos, el 23 de septiembre de 1999 día de mis 22 cumpleaños vos me llamaste para saludarme. Fue mi mejor regalo que te hubieras acordado y que me hubieras llamado. Esa fue la primera vez que hablábamos por teléfono. Yo para esa altura ya me moría de amor por vos. Después vendrían las conversaciones por teléfono de horas. Las peleas, los llantos, las conversaciones eternas sobre nada en particular, el fin sólo era sentirte cerca, sentir que estabamos unidas, aunque sea a través de ese impersonal cable telefónico. Ese cumpleaños fue bastante particular, ya que mi mamá en un arranque de altruismo me hizo una especie de festejo sorpresa, donde invito amigos que hacía años que ya no lo eran. Ese día fue que arreglamos para ir al recital gratis de Gieco y Spinetta por el día de la primavera en Puerto Madero. Me acuerdo que ese lunes yo no trabajaba y quedamos de encontrarnos temprano. También me acuerdo que ese día fue la primera vez que llame a tu casa y me atendió Olga (tiempo después sabría que no era tu mamá como había creído sino la empleada) y me dijo que estabas en el trabajo de una amiga (quien mas tarde resultaría ser Vicky) y que vos le habías dejado dicho que si llamaba yo me diera el teléfono para que pudiera hablarte. Me hizo sentir una emoción tremenda pensar que yo era tan importante para vos como para que si te ibas dejaras instrucciones para que te pudiera ubicar. Obviamente en esos años el celular y los mensajes de texto eran parte de un futuro que no imaginábamos. De a poco los recuerdos vuelven y el rompecabezas se va armando con piezas reconstruidas.
Lo cierto, es que cuando te vi ese día del recital, casi me muero de una sobredosis de amor, estabas tan hermosa con tu cangurito de plush negro, tus pantalones Oxford, la mochila de Jasport y ese corte de pelo que nunca mas volviste a tener y que siempre me fascino. Ese día se conserva en mí como una canción de cuna que me adormece. Vos tan linda, tu pelo tan brilloso, negro, luminoso e inalcanzable. Dada mi altura, recuerdo que para mirar el recital mejor me puse delante de vos, y estuve todo el recital esperando que me abrazaras. Obviamente no lo hiciste, creo que nunca lo hiciste sin que yo te lo pidiera.
Después del recital vino lo mejor, fue la primera vez que fuimos juntas a la Giralda a tomar un café. Nos sentamos y vos te pediste un café doble, una “palangana” dijiste, y yo un cortado. Y hablamos, hablamos hasta la madrugada, hablamos de poesía y de música, hasta hablamos del color de tu bombacha, que aunque no lo creas aun me lo acuerdo. Era azul, mi color favorito. Ese día supe que eras el amor de mi vida. Si eras perfecta para mí como no me iba a enamorar. Café, cigarrillos y literatura la combinación explosiva. Vos fumabas Malboro y yo Lucky. Ahora, la memoria entra en un terreno pantanoso. La pieza que conservo de este rompecabezas de los recuerdos es que vos me hiciste una de esas camisetas que se hacen con los paquetes de cigarrillos y escribiste un verso en ella y me la regalaste. Aun hoy intento acordarme que era lo que habías escrito y sigo sin saberlo. El problema es que, tiempo después, esa camiseta se fue junto con mi billetera la única vez que me robaron. Dos cosas lamente de ese robo, una fue todos los souvenirs que guardaba en la billetera y la otra que me hayan roto el morralito que vos me tejiste.
Pero volviendo a la Giralda, mientras nosotras charlábamos, esa noche, tumimama (para ese entonces ni siquiera era C. y yo aun no la conocía) llamaba incesantemente a mi casa con la mala suerte de que el que siempre la atendiera fuera mi hermano. Hasta llamo a la policía preocupada porque vos no llegabas. Es que nunca pensó que vos te ibas a olvidar del mundo estando conmigo. Mucho tiempo le llevo a tumimama recuperarse de la vergüenza de llamar 5 veces en una noche a una casa que no conocía. Mi hermano también se acordaría por mucho tiempo de ese episodio. Para nosotras fue la primera de muchas anécdotas que nos sucederían a lo largo de los años.

Si miro hacia atrás mi vida o todas mis muertes fueron de ficción, todo un invento literario ad hoc para quien quisiera escuchar. El flaco y su cantata de puentes amarillos. Qué es esto si no mas que mi autobiografía pre morten y dedicada a vos. Ay L. si por un segundo supieras lo importante que sos para mi. Si todo lo que soy fue la construcción de un personaje para vos, esto era lo que vos buscabas en el otro y yo me invente por y para vos. Tengo varios nombres Alejandra la viajera, M. o la triste enamorada, la perdedora que no hace nada por cambiar su historia porque es mejor escribirla.

Hoy cuando volvía de la casa de mi mama volví a pasar por la vía de lo deseos, y como siempre pensé en vos. Ayer fue navidad y tumimama me mando un mensajito muy lindo. Nunca pasamos un navidad juntas. Tampoco un fin de año.

Creo que el fin de semana que paso marca un hito en esta vida mía. El viernes inesperadamente volví a pisar las baldosas de Filo mi apreciada y siempre amada facultad. El motivo nada despreciable era hacerle la segunda a N. y acompañarla a una especie de recital fiesta donde tocaban Las manos de Filipi y Tumba la ta. Fue inevitable que las cuadras que separan Rivadavia de Pedro Goyena llegara a nuestra memoria amistosa esa fiesta, la última para mi, creo, en donde quebré bajo los efecto de no me acuerdo que pastillita, menos aun me acuerdo del donante de ella y el alcohol. Que trío! vos, F y yo. Recuerdo que también estaban Mario y Facundo. Como no iba a meterme lo primero que me ofrecieran si cada escena de esa fiesta me acuchillaba, era preferible morir en la vereda de Púan que seguir viendo eso película barata que representabas con F. haciendo de galán desbastado con su sequito de camaradas de perdedores a lo Jim Morrison. La escena de antología fue en el auto no me acuerdo bien de quien, si de Mario o de Facundo, cuando nos llevaron a tu casa con la férrea intención de hacer un párate, nunca mejor aplicada esa palabra, en no se que telo. Y vos que todavía abrigabas esperanzas, mientras F. te rifaba al mejor postor y yo que hubiera pagado todo el oro del mundo por más pastillas y si era posible de cianuro. Y el dueño del auto que me decía que no vaya a vomitar y a mí que la nausea me la causaba él y no lo que había tomado. Y vos que después no me dejaste dormir y me repetías mil veces por segundo el comentario sobre tus pezones erectos que habían hecho subiendo la escalera de tu casa. Y yo que como un perro faldero te escuchaba y te acompañe hasta el Megatlon a ir a nadar y soportar esa humedad pegajosa que me descomponía y que me recordaba al sexo frenético y desconectado con el que me contentaba para borrarte de mí. Y más mal me sentía. Hoy mientras soporto el calor de enero en Bs. As. y escribo todavía me dan nauseas. Supongo que por eso tomo mate y escucho a Joni Mitchell como esa primera vez en tu casa o segunda la memoria ya no es tan resistente como antes.
Pero volviendo a este fin de semana por suerte como el agua que todo lo limpia vino salvadora y a las tres de la mañana el show, tambores incluidos, se termino bajo una lluvia diluvial que obligó a músicos y asistentes a partir en busca de un techo reparador. Los tambores, la lluvia y la multitud bailando con el primitivismo que las drogas y el alcohol habilitan fueron como un ritual redentor que convirtieron esa nostalgia, y el mal sabor en la boca que las fiestas de filo me provocaban en algo menos nauseabundo y quizá hasta perversamente agradable.
El sábado transcurrió en la espera del cumpleaños de Mariastela así que hasta allí partí. Después de mucho tiempo volví a compartir momentos con "loschicos". El preámbulo de este fin de semana fue San Pedro y un fin de semana de revival en donde otra vez los cinco nos fuimos de campamento juntos como hacia 5 años atrás. Si bien algunos quedaron en el camino la esencia del grupo sigue en pie. Así que, aunque el calor, la fobia social y el bolsillo hicieron campaña para que no vaya, fui igual. Obviamente solo me quede una hora y bajo la excusa de N. partimos, yo a Agüero y Libertador al encuentro de la coca y no Sarli y N. de su amante de turno. Creo fue la mejor decisión, plaza, marihuana y tambores otra vez, nueva hippiada postmoderna. Y de ahí, siguiendo un impulso a Sitges y a ver si estabas pero no. A cambio me lleve en medio de los efluvios etílicos y la juventud desbordante a una virgen de ojos azules y por meses casi menor de edad. Divertido, si, pero efímero.

Este fin de año hubiera sido distinto si esa niña mala con carita de ángel hubiera entendido que la joda cuesta y se comparte, pero no fue así. Y una vez más la pase con N. y su familia que por ser muy particular son adorables. Y después en un viaje cósmico en el taxi de del tío paletas fuimos al encuentro de "los chicos" otra vez el grupo, alcohol, drogas, sexo capaz, comida y no me muevo ni a palos en todo su esplendor. Con el coloretes a la cabeza y Mariastela haciendo la segunda cómoda en su puesto. Sí, puestos estábamos todos que hicimos súper año nuevo 24 hs de diversión asegurada. Ni hablar de lo divertido que fue, una vez más, pelear por quien bajaba a buscar mas bebida. Aunque esta vez nos repartimos colchones y almohadas ordenadamente.
Si te escribo todo esto es porque cuando brindamos en la casa de N. la mama pidió que todas las solteras el próximo año estemos acompañadas. Y yo que soy melancólica por naturaleza y me siento mucho más cómoda en la depresión que en la euforia, no pensé ni el tren, ni en el te de estrella ni en la juventud celeste sino en vos, en L., en Irina con su brazo comido y su voz de fado, con tus pies de muñeca y tu pelo negro que brilla y brilla
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