lunes, diciembre 31, 2007

Escritos 2008

31 diciembre de 2007/ 1 de enero de 2008

Muchas cosas pasaron en este año, muchas que imagine y soñé, muchas que nunca imagine.
Es raro pero es uno de los pocos 31 de diciembre en el que realmente me siento feliz y cómoda. Falta media hora para las doce y estoy en mi dpto sola escuchando música (el rey de fondo me acaricia con su voz de terciopelo) y escribiendo esto. Dicen por ahí que como empieces el año es como será el resto de él. Y por primera vez estoy empezándolo como quiero, escribiendo con buena música y, si bien, es en soledad, eso es mi elección. Y sin embargo, no me siento sola, todos mis amigos desparramados por el mundo, Francia, E.E.U.U., Colombia, Chile, Perú, seguro me olvido algún país y obviamente los que están acá en esta Buenos Aires hirviente, todos están acá conmigo.
El placer de ser fiel a uno mismo, el querer dejar de encajar para aceptar esto que soy, son las dos cosas mas importante que aprendí en este año. También, que uno no cambia pero si puede aprender, que nunca es tarde para pedir perdón y es muy importante hacerlo, que a los padres siempre se los necesita por mas adultos que seamos, que los hermanos son una parte de uno, que los amigos son lo mejor que te puede pasar y que el amor es una amistad en llamas. Y bueno algunas otras cursilerías mas.
Si el 2007 se porto tan bien conmigo, el 2008 me espera con un nuevo desafió, vivir como pienso y siento, viajar y seguir escribiendo, disfrutando de la libertad de ser tal como siempre quise. A diez minutos de las doce brindo porque así sea.

jueves, diciembre 27, 2007

viernes, diciembre 21, 2007

Nuevos Escritos

Si yo pudiera escribir la belleza de tus ojos.
Otra sería mi visión del mundo.

Si solo con la palabra pudiera crear.
Otro sería mi padecer.

Si solo con nombrarte pudiera tu presencia lograr.
Otros escribirían estos versos.

viernes, diciembre 14, 2007

Nuevos Escritos

Cautiva en las líneas de tu cuerpo.

La curva efímera, el doblez sencillo, el pliegue caprichoso, las líneas marcadas, la razón insospechada, los ojos lejos, la boca fértil, las manos dichosas, la risa breve, la voz estrepitosa.

El suspiro ahogado, el vaivén del abdomen, la entrepierna urgente, la mirada solapada, la sonrisa tímida, la lengua sabrosa, los dedos ligeros, el movimiento perpetuo.

Enumeración insensata hacia la nada.

Tu mano
Mi boca
Tu sexo
Mi mano
El deseo
Tu boca
Mi sexo


Cautiva en las líneas de tu cuerpo yace la palabra precoz.
La necesidad escondida.
La decisión punzante.
La duda inconclusa.
El cuerpo rebelde.
La mente tiránica.

viernes, noviembre 16, 2007

Nuevos Escritos

Un cuerpo, solo un cuerpo.
La plenitud del mundo y sus formas


Dos manos con sus nervaduras, dedos que descansan recuerdos.
Dos brazos con su espesor detonante con su fuerza centrípeta y articulada.
Los hombros con sus formas redondeadas, cóncavas, cómplices.
Un torso que despunta pechos derramados.
Una espalda aguerrida sosteniendo el peso gravitacional del ser.
Y las caderas anticipándose a los muslos caprichosos.
Dos piernas que pelean libertad de pies viajeros, en busca de recorridos singulares.

Un cuerpo, un solo cuerpo dual, bifurcado en las líneas de poemas inconclusos.

jueves, octubre 18, 2007

Nuevos Escritos

La palabra fugaz, se desata entre tus manos.
Somos dos cuerpos rebeldes que no acatan pensamientos.

jueves, septiembre 27, 2007

Nuevos Escritos

Mareo al insomnio mientras tu voz se replica entre espejos paralelos.
Desde lejos las noticias me susurran al oído un si bemol.

Entretanto, yo escribo para ver si pasa, para que el tiempo se esfume,
para que nada se me escape y la claridad me salve.
La imagen me acompaña como una sombra vieja que me corroe y oxida.

Y si todo se derrama por mis manos
yo me aferró a este afán empecinado de querer continuar.

Entonces con el monolingüismo habitual, abandono la prosa y vuelvo a mi costumbre de poeta enmascarada.

viernes, septiembre 21, 2007

Nuevos Escritos

Hoy por primera vez me pregunte por qué tenia en mi mente tan asociado el mate con mi abuela, absurdamente ella era ucraniana. Pero si me pongo a hacer memoria no recuerdo un solo día en donde ella no ingiriera esa bebida tan autóctona. Este pensamiento surgió mientras leía El común olvido de Molloy en La Giralda. Si alguna vez alguien me pregunta por como es un día perfecto para mi, creo que voy a responder el día de hoy.
Por qué es tan especial ya estará surgiendo el interrogatorio supongo. Fundamentalmente porque escape de la cárcel del trabajo y no porque fuera un feriado, por lo tanto, ninguna actividad estaba vedada. Todo comenzó con un almuerzo de comida marroquí en un lugarcito frente a Plaza Armenia, realmente exquisito. En una terraza ambientada y con el sol que se aparecía por momentos.
De ahí seguí camino por Santa Fe, disfrutando de esa libertad que te da la absoluta ausencia de la necesidad de llegar algún lugar. Camine parando en todas, todas las librerías. Llegando a Saenz Peña me metí en la Bond Street para luego seguir rumbo a Corrientes. Y terminar tomando un café con budín ingles en La Giralda, leyendo al mismo tiempo que observaba a los personajes del bar. Me sorprendió que aunque hayan pasado 12 años de la primera vez que entre a ese bar, los mozos sean los mismo y su aspecto igual. Creo que esa vez fue una noche con Fabián , creo, veníamos de ver una obra de teatro y él que sabia de esas cosas me llevo a tomar un café a La Giralda. Aun hoy después de tanto tiempo sigo imitando ese gesto que él me enseño.
Es raro pero en estos días de víspera la figura de Fabi estuvo muy presente, quizá porque aprendí muchas cosas de él, entre ellas como encantar a una mujer.
Definitivamente el día de hoy fue casi perfecto, y digo casi y no perfecto por tu ausencia.

lunes, abril 02, 2007

Muerte para L.


El despertar

La luz de la tarde se apaga lentamente, suaves destellos iluminan los objetos que toman un aspecto irreal.
El día estuvo nublado un manto brumoso cubría el cielo. Lou Reed suena de fondo. Que mágico es ese momento en que el día deviene noche.
Entonces otra vez te escribo mi muerte para vos, para L. Creo que esta vez Lou Reed puede ser un buen tema para comenzar. Vos adorabas su música y yo no y a fuerza de hacérmela escuchar ahora me encanta. Creo que lo que mas me gusta de su música es que me hace acordar a vos. El primer día que la escuche fue en tu casa una tarde, cuando llegue vos estaba a pleno con New York y me pusiste The last great american whale y yo solo por pelear te dije que no me gustaba ni un poquito. De ahí en más todo el tiempo me hacías escucharlo. Así fue que de a poco fui comprendiendo la grandeza de su música y entendí porque te fascinaba tanto. Entendí porque esa época pop te había marcado tanto y como a partir de ahí te creaste esa personalidad entre dark y hippie. Supongo que por eso fuiste a New York y no a Paris como yo. Vos eras el prototipo de chica artista-depresiva de los setenta y yo la bolche de preguerra de la una Europa liberal. Y claro como no íbamos a explotar si era como juntar dinamita con fuego.
Lo mismo me paso con los gatos, vos adorabas a tus gatas y yo nunca había tenido contacto real con gatos, siempre tuve perros. Y a fuerza de ir a tu casa y enamorarme de Lenka me empezaron a gustar los gatitos. Fue por eso que le puse Lou a mi gato, porque al igual que Lou Reed los gatos no me gustaban pero cuando los empecé a conocer me di cuenta que los adoraba. Solo necesitaba entenderlos. Ahora no me imagino mi vida sin Lou, es mi compañero. Y aunque peleamos todo el día, invade con sus pelos mi casa y mi cama ya dejo de ser mía lo adoro, realmente, lo adoro.
Es un poco raro esta muerte de hoy ya que no esta cargada de reproches como las anteriores. Es, creo, como un puente para empezar a explicar nuestra historia o mas bien mi historia porque esta es mas mi historia que tuya. También sirve para entender porque pase tanto tiempo al lado tuyo, no siempre eran momentos malos. De hecho fueron mas los buenos aunque los malos me quedaron marcados con un tinte mas oscuro.
Hasta hace un rato estuve leyendo “Vigilar y Castigar”, tu “Vigilar y Castigar” y mientras leía no podio dejar de pensar que extraño mucho nuestras charlas. Extraño poder hablar con alguien en mi mismo idioma. Aunque es cierto que en el último tiempo casi no hablábamos y vos estabas a pura escuela y ya ni pensabas en Filo pero igual seguíamos teniendo ese entendimiento casi sobrenatural. Quizá esta nostalgia es más de una época que de vos, quizá extrañó tener veinte años y solo la preocupación de saber la etimología de las palabras. Hoy las cosas son mas concretas, pagar el alquiler decidir que servicio pasa al segundo vencimiento y como hacer para llegar a fin de mes con veinte pesos nada mas. Por eso fue que me puse a leer a Foucault, porque me resisto a perderme en esa cotidianeidad de TV. Quiero volver a mi Europa del ´20, no me gusta este 2000 de celular y mensajes de texto. Y si bien esta etapa es mucho mas tranquila emocionalmente esta dormida intelectualmente. Por eso esta muerte para vos, para renacer, para volver a pensar, para que lo importante vuelva a ser una hipótesis de lectura y no quien quedo nominado en Gran Hermano. Esta muerte es mi sacudon intelectual para despertarme igual como cuando te conocí y me sacaste de la somnolencia de una biblioteca flaca y hambrienta. Con la diferencia que hoy corro con la ventaja de diez años mas de vida. Así que acá va mi muerte como un puente, como una cantata, como una nueva partitura que da comienzo a una compleja sinfonía de palabras.

domingo, abril 01, 2007

Muerte para L.

Los libros de la buena memoria

Siempre que hablo de vos digo que sos actriz pero nunca digo que también cantas y muy bien por cierto. Mientras escribo estas líneas escucho al flaco cantar “los libros de la buena memoria” Es imposible que no me asalten los recuerdos. Siempre que te escribo vuelvo sobre las mismas escenas, los mis hechos por eso creo que esta es la primera vez que escribo sobre tu etapa de cantante de la banda de tu primo. Me acuerdo que ese domingo que te vi ensayar por primera vez fui a almorzar a tu casa para después ir a la casa de tu primo a ensayar, ese domingo hacia muchísimo frió. Estaba también tu otro primo G. Aunque te parezca extraño me acuerdo hasta lo que tenias puesto. Esa remera a rayas rojas y negras (como la de Freddy Kruger) un pantalón negro y tus coturnos de plataforma negros con la estrella roja atrás. En esa época estabas muy flaquita, me acuerdo que cuando te abrazaba podía casi darte dos vueltas con mis brazos. Esos eran los días posteriores a tu crisis, tomabas Ribotril a mares y no comías. Recién estabas empezando en la escuela. Eran una época sombría, una época muy iggipop si vale como adjetivo. Ese domingo cantaste “Bring me the nigth”de The Police y “Mate Kudasai” de King Crimson. Ese domingo también llovía como hoy. La salita de ensayo era chiquitita, me acuerdo que me quede en un rinconcito viéndote cantar y tratado de contener mi emoción. Pero cuando cantaste “Una canción diferente” no pude más. Toda la canción busque tu mirada y no la encontré. Vos sabias todo lo que me estaba pasando en ese momento pero como siempre preferiste ignorarlo.
Como hubiera querido al menos que me mandaras a la mierda pero ni eso, solo hiciste como que no pasaba nada, como si yo fuera solo una buena forma de sostener tu estima. Otro paliativo como el Ribotril o la paroxetina. Hoy todavía este recuerdo me duele y sin embargo acá estoy escribiéndolo.
Después de ese domingo fui a verte ensayar muchas otras veces mas, bueno no tantas una o dos creo, y después vino la primera presentación, en ese club de Caseros para el cumpleaños de no se quien. ¿Te acordas? Muchas cosas pasaron ese día como cuando en honor a mi dijiste antes de empezar a cantar “vamos” levantando la mano como en la obra que habíamos visto el fin de semana anterior, pero lo que quedo guardo en mi, fue cuando ganada por los nervios pensaste que te habías olvidado la letra de “los libros de la buena memoria” y para repasarla viniste y me cantaste toda la canción al oído. ¿Que pensabas cuando hiciste eso? si vos sabias lo que yo sentía por vos. ¿Que pensabas? ¿que no me iba a afectar? Solita igual que ahora me guarde todo mi dolor para no arruinarte la noche. Sola igual que ahora me dormí esa noche llorando, sintiendo aun en mi oído el vapor de tu voz cantándome bajito “El vino entibia sueños al jadear”
Que creías que yo podía sentir mientras vos me cantabas “mi boca besara toda la ternura de tu acuario.”
A veces no puedo creer que te haya permitido que me lastimaras tanto, así tan impunemente con tanta decidía y sin medida.
Como no se iba a llamar esto Muerte para L. si cada vez con tus acciones me matabas un poco. Y lo peor es que somos muchos los muertos de amor que dejaste en el campo de batalla. Ni siquiera tengo el privilegio de ser la única, ya que esto nunca fue un duelo sino una guerra, muy desigual ya que vos tenías armas atómicas y nosotros peleábamos solo con los puños.

jueves, marzo 01, 2007

Muerte para L.


La deuda

Otra vez me ataca el insomnio, no pude dormir hasta la 4 de la mañana y cuando finalmente lo logre, tuve un sueño pesado y pegajoso. Un sueño atiborrado de escenas incongruentes, barroco, en donde se me colaban imágenes de la película que había visto antes de dormirme.
Cuando me desperté llovía con fuerza eran las 6.30 de la mañana pero estaba oscuro, aun ahora sigue gris el día. Es de esos días perfectos para escribir, días de verano lluvioso que simulan ser invierno. Desde hace unos días esta rondándome esa sensación de necesidad de escritura. Supongo que tiene que ver con que hablamos, después de un año de palabras sueltas sin sonido, hablamos. Como siempre discutimos, casi como si no hubieran pasado años y experiencia en el medio. Y entonces otra vez escribiéndote para limpiarme. Será por eso que los días de lluvia son perfectos para escribirte, porque el agua cae redentora, salvadora y purifica. Hace unos minutos termine de leer un libro y me sigue la nostalgia como siempre que termino de leer algo que me gusto, y que de alguna manera contribuyo a cambiar algo en mi. Creo que mas bien es un dolor un pequeño dolor de duelo porque algo se termina, finaliza, aunque sea algo tan simple como leer un libro. Como cada vez que termino de escribir una de mis muertes para vos. Y las leo y las releo para no perderlas para no dejarlas. Así como esta deuda económica que aun nos une y no quiero cortar por miedo al dolor, por miedo a saber que quizá ya no te importe saludarme para mi cumpleaños o para alguna fecha especial. Por miedo a terminar estas muertes de una vez para siempre.
Nunca hubiera imaginado que me ibas a llamar de esa manera, y sin embargo era muy factible, porque no fue más que una muestra más de tu egoísmo para conmigo. Y no porque me reclames algo que es tuyo y que estas en todo tu derecho porque entiendo que 7 años es mas que suficiente para saldar una deuda. Sino la forma, las palabras que usaste, y esa maldita manera que tenes de ponerme en ese lugar horrible, el mismo que tiene tu viejo para vos. Ese lugar del abusador ausente que se quiere redimir con plata y, sin embargo, ni en eso cumple. Me pregunto por qué, por que no podemos cambiar nuestra historia, por que siempre esa lógica perversa nos persigue y aniquila, porque estoy segura que no sos la mala de esta película y que somos por partes iguales victimas y victimarías a la vez.
Quizá sirva rememorar los hechos para entender o solo como hasta ahora para desahogarme. Ese año 2000 llego para mi bastante enrarecido con un clima familiar preseparación en donde cualquier cosa era valida para discutir. Así llegue a fin de año con seguro de desempleo y una indemnización recién cobrada. Y obviamente mi primer despido. Llego el verano y con N. decidimos o más bien ella decidió irse a Europa y yo en un arrebato de inconciencia la seguí. En ese momento aun era posible hacerlo con poca plata ya que reinaba el uno a uno y nosotros nos creíamos en el primer mundo. Vos y yo no se en que etapa andábamos pero seguramente seria de eso periodos de tranquilidad, esas mesetas afectivas que con gran esfuerzo alcanzábamos y una vez ahí nos empeñábamos en destruir. Porque no era solo yo la que venia a perturbar nuestra amistad con planteos de otra índole. Porque si bien yo te decía las cosas de frente y a quemarropa vos venias con tu manipulación espiralada y me envolvías son tu manto de histeria y dolor. Así, fue que me ofreciste ayudarme con la plata del pasaje. Todavía me acuerdo el momento en que me diste los billetes verdes, esos que estaban guardados en un portarretratos. Y viaje y fue una de las cosas mas felices que me pasaron. Y no me arrepiento de haber aceptado tu ayuda. Pero si me hubiera gustado que viajaras conmigo, y sé que si hubieras querido lo podías haber hecho, pero no quisiste. Y ahora la deuda se agranda y se profundiza por los años que pasaron y por el resentimiento de un viaje que no fue y por la frustración de una vida que no tenes. Fueron muchísimas las veces que te dije que la torre Eiffel y Paris fue una tortura sin vos. Si me la pase llorando a la par de esa garúa que no cesaba y que convirtió a mi amado Paris en una ciudad gris y mojada. Igualmente en honor a la verdad también hubo momentos de extrema felicidad como cuando pise por primera vez las aulas de la Sorbona. Y camine por eso mismo lugares donde Julito y la Ale habían caminado. Lugares que yo había conocido en palabras y ahora veía en imágenes. Mientras escribo esto me imagino como hubiera sido si hubieras estado ahí conmigo. Que explosión! Dinamita vos y yo juntas en Paris. L.y M. recorriendo el Louvre, caminado por la placita de Notredame o por Montparnasse o Champs Ellysses. Imparables, pero no sucedió. Lo único que paso es que yo te llame un martes desde Barcelona para saber como te había ido en el final de lingüística. Eso solito fue todo nuestro contacto transcontinental. Nada de romanticismo, nada de la Maga y Olivera perdidos y encontrados en Paris. Nada de nada. Como siempre ese vació que nos separa y unía a la vez. Ese mismo vació que siento ahora como un agujero negro que me obliga todo el tiempo a meterme más y más adentro mió. Ese vació que me implosiona.
A medida que escribo el sentido de todo esto se va desvirtuando, creo que se esta convirtiendo en una larga carta llena de reproches mas que mi versión de los hechos. Quizás mi versión sea eso un largo reproche por las cosas que no fueron o peor aun por las cosas que si fueron. Como la llamada del martes a la mañana, como ese mensaje nefasto del sábado a la tarde. Como tu silencio ahora que conseguiste lo que querías y todo de una sola vez.
La claridad con esa luz particular de los días de lluvia, esa luz filtrada de una manera especial quiere invadir el día. Y aunque lo intenta ferozmente el gris no se retira. Ese gris que se queda en mí con este sabor amargo que me produce cada una de mis muertes para vos.

sábado, febrero 10, 2007

Muerte para L.

Línea dos.

Ahora, escucho Queen, leí todo el día, un libro de Florencia Abbate “El grito” después mire dvds, después, fume un par de secas y me puse a escribir.
Así empiezo, otra vez, a escribirte creo que la ultima vez me quede en ese primer día que nos conocimos en la clase de filosofía, a la clase siguiente por timidez y miedo pase sin saludarte y me fui a sentar al fondo protegida por mis walkman, cuando termino la clase me acerque y me saludaste, muchos años después charlamos por esa segunda vez que nos vimos y vos me reprochabas que no te hubiera saludado.
Es raro volver a vivir esas escenas de la mano de los recuerdos, tienen un sabor dulce y triste. No estoy muy segura como sucedieron las cosas después, pero si se que ya para la tercer vez que nos vimos te dije que era bisexual para ver como reaccionabas (para ese entonces no tenía muy en claro que decir y me parecía que decir bisexual era menos chocante que lesbiana) no me acuerdo bien que dijiste pero me pareció ambiguo. De ahí en más me aprendí los horarios en que cursabas las otras materias y te esperaba en la mesa del partido para verte, o justo cuando era el horario en que estabas caminando para llegar a la facultad, me iba, así te cruzaba en la calle. Fue una de esa veces que me préstate “Cartas a un joven poeta” yo casi me muero de la emoción. No estoy segura si alguna vez te confesé esto, ahora, me imagino, que perdió toda emoción enterarte a través de un libro.
Antes de eso, creo, ya se me confunden los tiempos, el 23 de septiembre de 1999 día de mis 22 cumpleaños vos me llamaste para saludarme. Fue mi mejor regalo que te hubieras acordado y que me hubieras llamado. Esa fue la primera vez que hablábamos por teléfono. Yo para esa altura ya me moría de amor por vos. Después vendrían las conversaciones por teléfono de horas. Las peleas, los llantos, las conversaciones eternas sobre nada en particular, el fin sólo era sentirte cerca, sentir que estabamos unidas, aunque sea a través de ese impersonal cable telefónico. Ese cumpleaños fue bastante particular, ya que mi mamá en un arranque de altruismo me hizo una especie de festejo sorpresa, donde invito amigos que hacía años que ya no lo eran. Ese día fue que arreglamos para ir al recital gratis de Gieco y Spinetta por el día de la primavera en Puerto Madero. Me acuerdo que ese lunes yo no trabajaba y quedamos de encontrarnos temprano. También me acuerdo que ese día fue la primera vez que llame a tu casa y me atendió Olga (tiempo después sabría que no era tu mamá como había creído sino la empleada) y me dijo que estabas en el trabajo de una amiga (quien mas tarde resultaría ser Vicky) y que vos le habías dejado dicho que si llamaba yo me diera el teléfono para que pudiera hablarte. Me hizo sentir una emoción tremenda pensar que yo era tan importante para vos como para que si te ibas dejaras instrucciones para que te pudiera ubicar. Obviamente en esos años el celular y los mensajes de texto eran parte de un futuro que no imaginábamos. De a poco los recuerdos vuelven y el rompecabezas se va armando con piezas reconstruidas.
Lo cierto, es que cuando te vi ese día del recital, casi me muero de una sobredosis de amor, estabas tan hermosa con tu cangurito de plush negro, tus pantalones Oxford, la mochila de Jasport y ese corte de pelo que nunca mas volviste a tener y que siempre me fascino. Ese día se conserva en mí como una canción de cuna que me adormece. Vos tan linda, tu pelo tan brilloso, negro, luminoso e inalcanzable. Dada mi altura, recuerdo que para mirar el recital mejor me puse delante de vos, y estuve todo el recital esperando que me abrazaras. Obviamente no lo hiciste, creo que nunca lo hiciste sin que yo te lo pidiera.
Después del recital vino lo mejor, fue la primera vez que fuimos juntas a la Giralda a tomar un café. Nos sentamos y vos te pediste un café doble, una “palangana” dijiste, y yo un cortado. Y hablamos, hablamos hasta la madrugada, hablamos de poesía y de música, hasta hablamos del color de tu bombacha, que aunque no lo creas aun me lo acuerdo. Era azul, mi color favorito. Ese día supe que eras el amor de mi vida. Si eras perfecta para mí como no me iba a enamorar. Café, cigarrillos y literatura la combinación explosiva. Vos fumabas Malboro y yo Lucky. Ahora, la memoria entra en un terreno pantanoso. La pieza que conservo de este rompecabezas de los recuerdos es que vos me hiciste una de esas camisetas que se hacen con los paquetes de cigarrillos y escribiste un verso en ella y me la regalaste. Aun hoy intento acordarme que era lo que habías escrito y sigo sin saberlo. El problema es que, tiempo después, esa camiseta se fue junto con mi billetera la única vez que me robaron. Dos cosas lamente de ese robo, una fue todos los souvenirs que guardaba en la billetera y la otra que me hayan roto el morralito que vos me tejiste.
Pero volviendo a la Giralda, mientras nosotras charlábamos, esa noche, tumimama (para ese entonces ni siquiera era C. y yo aun no la conocía) llamaba incesantemente a mi casa con la mala suerte de que el que siempre la atendiera fuera mi hermano. Hasta llamo a la policía preocupada porque vos no llegabas. Es que nunca pensó que vos te ibas a olvidar del mundo estando conmigo. Mucho tiempo le llevo a tumimama recuperarse de la vergüenza de llamar 5 veces en una noche a una casa que no conocía. Mi hermano también se acordaría por mucho tiempo de ese episodio. Para nosotras fue la primera de muchas anécdotas que nos sucederían a lo largo de los años.

Si miro hacia atrás mi vida o todas mis muertes fueron de ficción, todo un invento literario ad hoc para quien quisiera escuchar. El flaco y su cantata de puentes amarillos. Qué es esto si no mas que mi autobiografía pre morten y dedicada a vos. Ay L. si por un segundo supieras lo importante que sos para mi. Si todo lo que soy fue la construcción de un personaje para vos, esto era lo que vos buscabas en el otro y yo me invente por y para vos. Tengo varios nombres Alejandra la viajera, M. o la triste enamorada, la perdedora que no hace nada por cambiar su historia porque es mejor escribirla.

Hoy cuando volvía de la casa de mi mama volví a pasar por la vía de lo deseos, y como siempre pensé en vos. Ayer fue navidad y tumimama me mando un mensajito muy lindo. Nunca pasamos un navidad juntas. Tampoco un fin de año.

Creo que el fin de semana que paso marca un hito en esta vida mía. El viernes inesperadamente volví a pisar las baldosas de Filo mi apreciada y siempre amada facultad. El motivo nada despreciable era hacerle la segunda a N. y acompañarla a una especie de recital fiesta donde tocaban Las manos de Filipi y Tumba la ta. Fue inevitable que las cuadras que separan Rivadavia de Pedro Goyena llegara a nuestra memoria amistosa esa fiesta, la última para mi, creo, en donde quebré bajo los efecto de no me acuerdo que pastillita, menos aun me acuerdo del donante de ella y el alcohol. Que trío! vos, F y yo. Recuerdo que también estaban Mario y Facundo. Como no iba a meterme lo primero que me ofrecieran si cada escena de esa fiesta me acuchillaba, era preferible morir en la vereda de Púan que seguir viendo eso película barata que representabas con F. haciendo de galán desbastado con su sequito de camaradas de perdedores a lo Jim Morrison. La escena de antología fue en el auto no me acuerdo bien de quien, si de Mario o de Facundo, cuando nos llevaron a tu casa con la férrea intención de hacer un párate, nunca mejor aplicada esa palabra, en no se que telo. Y vos que todavía abrigabas esperanzas, mientras F. te rifaba al mejor postor y yo que hubiera pagado todo el oro del mundo por más pastillas y si era posible de cianuro. Y el dueño del auto que me decía que no vaya a vomitar y a mí que la nausea me la causaba él y no lo que había tomado. Y vos que después no me dejaste dormir y me repetías mil veces por segundo el comentario sobre tus pezones erectos que habían hecho subiendo la escalera de tu casa. Y yo que como un perro faldero te escuchaba y te acompañe hasta el Megatlon a ir a nadar y soportar esa humedad pegajosa que me descomponía y que me recordaba al sexo frenético y desconectado con el que me contentaba para borrarte de mí. Y más mal me sentía. Hoy mientras soporto el calor de enero en Bs. As. y escribo todavía me dan nauseas. Supongo que por eso tomo mate y escucho a Joni Mitchell como esa primera vez en tu casa o segunda la memoria ya no es tan resistente como antes.
Pero volviendo a este fin de semana por suerte como el agua que todo lo limpia vino salvadora y a las tres de la mañana el show, tambores incluidos, se termino bajo una lluvia diluvial que obligó a músicos y asistentes a partir en busca de un techo reparador. Los tambores, la lluvia y la multitud bailando con el primitivismo que las drogas y el alcohol habilitan fueron como un ritual redentor que convirtieron esa nostalgia, y el mal sabor en la boca que las fiestas de filo me provocaban en algo menos nauseabundo y quizá hasta perversamente agradable.
El sábado transcurrió en la espera del cumpleaños de Mariastela así que hasta allí partí. Después de mucho tiempo volví a compartir momentos con "loschicos". El preámbulo de este fin de semana fue San Pedro y un fin de semana de revival en donde otra vez los cinco nos fuimos de campamento juntos como hacia 5 años atrás. Si bien algunos quedaron en el camino la esencia del grupo sigue en pie. Así que, aunque el calor, la fobia social y el bolsillo hicieron campaña para que no vaya, fui igual. Obviamente solo me quede una hora y bajo la excusa de N. partimos, yo a Agüero y Libertador al encuentro de la coca y no Sarli y N. de su amante de turno. Creo fue la mejor decisión, plaza, marihuana y tambores otra vez, nueva hippiada postmoderna. Y de ahí, siguiendo un impulso a Sitges y a ver si estabas pero no. A cambio me lleve en medio de los efluvios etílicos y la juventud desbordante a una virgen de ojos azules y por meses casi menor de edad. Divertido, si, pero efímero.

Este fin de año hubiera sido distinto si esa niña mala con carita de ángel hubiera entendido que la joda cuesta y se comparte, pero no fue así. Y una vez más la pase con N. y su familia que por ser muy particular son adorables. Y después en un viaje cósmico en el taxi de del tío paletas fuimos al encuentro de "los chicos" otra vez el grupo, alcohol, drogas, sexo capaz, comida y no me muevo ni a palos en todo su esplendor. Con el coloretes a la cabeza y Mariastela haciendo la segunda cómoda en su puesto. Sí, puestos estábamos todos que hicimos súper año nuevo 24 hs de diversión asegurada. Ni hablar de lo divertido que fue, una vez más, pelear por quien bajaba a buscar mas bebida. Aunque esta vez nos repartimos colchones y almohadas ordenadamente.
Si te escribo todo esto es porque cuando brindamos en la casa de N. la mama pidió que todas las solteras el próximo año estemos acompañadas. Y yo que soy melancólica por naturaleza y me siento mucho más cómoda en la depresión que en la euforia, no pensé ni el tren, ni en el te de estrella ni en la juventud celeste sino en vos, en L., en Irina con su brazo comido y su voz de fado, con tus pies de muñeca y tu pelo negro que brilla y brilla
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