miércoles, agosto 30, 2006

Muerte para L.

Muerte para L. I bis
La explicación
Paradójicamente, la primera de las muertes fue la de “Muerte para L. I” ya que se perdió entre tus papeles. Supongo, que quisiste desaparecer ese texto con el afán inútil de desmentirlo. O de desaparecerme.
¿Te acordas, cómo nacieron mis muertes para vos? Ese día volviendo del centro, en Once te dije por primera vez muerte para L. en un juego de palabras en complicidad con Dolina. Yo queriéndote lastimar sabiendo que era yo la sufriría.

Poco queda que explicar más que sigo escribiendo mis muertes para vos.

miércoles, agosto 09, 2006

Ensayo sobre el fracaso

En el momento en que iba subiendo las escaleras del subte hacia la estación de tren se fue tramando en mí la idea filosa, punzante y certera que no iba a lograrlo.
Esta sensación se venia gestado desde hacia un tiempo, quizás no muy largo, pero si bastante contundente. La imposibilidad de la escritura se me manifestaba de diversas maneras, por ejemplo, en el mismo instante en que la frase justa se formaba en mi, toda clase de impedimentos técnicos no me permitían grabarla de alguna manera recordable. Siempre, ella aparecía en los momentos menos oportunos, en plena somnolencia, en un largo viaje en tren o colectivo. Al mismo tiempo que mi desazón crecía, ya que la convicción de que nunca iba a poder encontrar la manera de superar estos obstáculos no me abandonaba, una variada cantidad de fantasías acerca de que mis más admirados escritores pasaban por la misma situación me invadía, con la esperanza de que en algún momento esto fuera a cambiar.
Supongo que la reina de todas estas fantasías era aquella en la que me imaginaba cumpliendo cierto horario dedicado a la escritura y robado principalmente al sueño o a la TV y en menos medida al resto de actividades necesarias para la vida. Obviamente esto jamás ocurrió y creo firmemente que no va a ocurrir. Para subsanar esta carencia me convencía fehacientemente que cuando dormía también creaba y que en cierta medida ver TV alimentaba mi imaginación. Creo que esta de más aclarar, que esto no es para nada cierto y que, principalmente, mi falencia residía y reside en mi falta de profesionalismo. Aun y por más que me cueste confesarlo, no logro superar la etapa del impulso en la escritura. Ese momento mágico en donde las palabras toman vida y solas se combinan correctamente para expresar eso que tanta carga nos produce. El problema es que esos momentos sólo aparecen espaciadamente y con un fin puramente catártico, como impulsos primarios de supervivencia. Aun más lejos estaba, y por momentos creo que está, el hecho de vivir de la escritura y que de alguna manera se convierta en una obligación, en un trabajo y así no tener que quitarle horas al ocio.
La toma de conciencia del asunto me llevo a querer obligarme a escribir comenzando con ideas sueltas sin conexión alguna y sobretodo sin el menor asomo de belleza y al menos algo de talento. Así intentaba calentar la mano escribiendo sobre lo primero que se me ocurría, pero lejos de la escritura automática de los surrealistas, a la tercera oración algo mas primordial, como ir al baño o tomar agua o simplemente asomar mi cabeza por la ventana, me sacaba de mi ejercicio. Es así, como en cada escalón que iba subiendo la idea del fracaso cobrara fuerza. Y de alguna manera esta digresión sobre mi imposibilidad de escribir lo confirma.