sábado, diciembre 16, 2006

Muerte para L.

El comienzo

Muchas veces intente contar esta historia y siempre fracase queriendo empezar por el principio, ese día que nos conocimos en el CBC. Hoy se que tengo que contar esta historia por el final. Se que leí mucha literatura fragmentada y no puedo tener un hilo conductor, me es imposible contar nuestra historia como una novela inglesa del siglo XVIII. Y aunque la primera línea de una novela es crucial, esta historia tiene un principio en cada línea, en cada palabra. Podes llamarme M. si queres y para mi siempre vas a ser L.
Hoy te busque en la web quería saber donde estabas actuando y me encontré con una entrevista que te hicieron en el pagina 12. Increíble saber de vos por los diarios. Aunque no lo creas conservo ese autógrafo que te pedí medio en chiste hace mucho tiempo. Ese papel cuadriculado donde escribiste tu nombre con una fibra de brillitos rosa. Ese día en el living de la casa de mi abuela donde mi mano distraída se pasaba por tu panza y vos que no te dabas cuenta.
Esta es una historia con muchos principios y muchos finales. Cada vez, cada viaje, cada noche, compongo un a frase distinta para comenzarla y cada vez la finalizo.
Ese día en esa clase de filosofía en la que hablamos por primera vez no me imaginaba que hoy 9 años después estaría contando, contándome lo que sucedió.
Hoy voy a ir a verte al teatro, a la última función, hoy voy a verte después de meses, después de una novia, de separarme, de saber más sobre mí y descubrir que no se rompe de ninguna manera nuestro vínculo. Y de saber que ya no quiero más que tu compañía, pero hoy es la prueba de fuego. ¿Y si te veo y toda esta seguridad se rompe?
Ese día en esa clase sobre Nietszche, cuando vos te diste vuelta y me preguntaste si tenía el libro y obviamente no lo tenía, fue el comienzo pero no el principio. Y después con Miranda y esa otra chica que nunca más vi después de ese día, Analia se llamaba, nos pusimos a trabajar en grupo. En honor a la verdad más que trabajar nos pusimos a charlar y nos olvidamos completamente de la genealogía de la moral, de Nietszche y toda la filosofía moderna. Éramos cuatro perdedoras que el azar junto. Siempre me pregunte porque vos y no Miranda o Analia, que había en vos que me atrai, que me atrae. Ese día para mi paso sin pena ni gloria hasta después, hasta que ya no podía dejar de pensar en vos. Hoy la memoria me engaña y se me confunden los momentos. Ese día vos tenías la correspondencia de Alejandra Pizarnik o fue después, o era el libro de Francis Bacon. Creo que para mi personalidad de ficción eso fue decisivo.
Cuando era chica, me encerraba en el viejo placard de la casa de mi abuela y ahí en la oscuridad y el silencio imaginaba historias en donde la protagonista era yo. Eran predicciones sobre mi futuro, como iba a ser cuando fuera grande. Cuantos hijos iba a tener y como iba a ser mi casa. A veces dibujaba aventuras extremas en mi cabeza y yo era una amazona guerrera que salvaba a mi tribu. Otras veces era un ama de casa con muchos hijos que cuidar. En ninguna de esas fantasías estabas vos. Y sin embargo hoy no puedo dejar de escribirte, de escribir sobre vos.
Después no se que paso, solo se que hubo un tiempo que no podía respirar sin que estuvieras presente en mi. Y seguís en mi solo que como un viejo resabio como esos gestos que se perpetúan en las familias por generaciones. Sos un gesto en mí, un movimiento de manos particular o una forma de cerrar lo ojos.
Quizá esta historia tiene muchos comienzos y ningún final o el final no llego aun. Mi fantasía preferida es imaginarnos de viejitas las dos tomando el te con macitas en La Giralda o café con leche con medialunas en la Academia. No se si es nostalgia de mi juventud o de vos pero últimamente extraño muchísimo esas aventuras por Buenos Aires que nos inventábamos. Esos planes de carreras locas entre cenas y obras de teatro entre fiestas y cine.
Será que nunca vendrá alguien a buscarme para vivir eso de nuevo, alguien que quiera después dormir conmigo y despertarse el domingo para comer fideos pasados con queso. Y pasar toda la tarde viendo películas y hacer el amor entre propagandas. Alguien que se quede conmigo hasta envejecer y que no le importe si me arrugo o se me pone canoso el pelo.
No se porque vos, solo se que cuando sacaste las correspondencias de Pizarnik casi me da un ataque, hacia meses que deseaba ese libro. Desde que había leído una nota en el suplemento de cultura de Clarín, donde publicaban las cartas de Alejandra a Silvina, nunca hubiera creído que años más tarde esas cartas las podría haber escrito yo para vos. En ese tiempo yo buscaba mi vida de literatura y vos apareciste exuberantemente literaria.
Cuando supe leer cambie el placard por la biblioteca y ya no imaginaba historias, las leía. Y así crecí viviendo fantasías de otros. Mas tarde empecé a escribir para limpiarme de esas historias, para purificarme y seguir adelante. Por eso creo que no hubiera podido hacer otra cosa que enamorarme de vos. Eras perfecta para mi historia de amor tortuoso, de desamores y aventuras urbanas.

Muerte para L.

Muerte para L.II
Jueves otra vez


Siempre se puede caer más bajo y encontrarse con Alicia y sin embargo las maravillas no. Tocar el timbre en medio de la lluvia. Hacer el ademán. Ring. Nadie sólo la mano y yo pero únicamente por unos minutos que volaron con mi paz. Five o´clock tea. Infaltable. Aunque eran como las seis y media. Dos veces el timbre y una aliada, la Torre. Al menos podía hacerle frente a la situación más húmeda cada vez. La lluvia aumentaba y decidió ir a ver como era. La mano mueve las piezas y no hay posibilidad de resistencia. Un rosa era la consigna. La partida ya comenzaba. Tres veces el timbre y esta vez la vencida era yo. Los poemas fueron más efectivos que todas las maravillas. Pobre Alicia llora sola en un rincón junto a su gemela. De pronto, Irina le convida un pedacito de su brazo. Y se ponen a charlar. La poeta de la isla de Lesbia irrumpió derrochando presencia. Alguien me crearía si digo: ¡Yo lo pensé primero! Pero el conejo me dijo que no podía. La derrota era inminente. Una y media contra todos. De la Torre, rosa de mi aliada no quedaba más que el tallo lo demás se había perdido entre comida y sueño. Más comida. Buena táctica, distraía al pelotón. Ya había perdido la cuenta de los timbre. De pronto, el Alfil hace su entrada triunfal, envidiado por todas las divas de Hollywood, y me salva del deceso definitivo. No esta muerto quien pelea y aun quedaban piezas en el tablero. Tan perdidas... las melodías surgieron de golpe y fue la movida final. Contundente. Que decir. Hake Mate. Efectivo movimiento. El rey blanco gana y sin decir una palabra. Con la mano de su lado no hay partida que pueda perder. Habrá que ver cuando se le vuele la corona y a la mano la someta el reuma. La reina negra volvió a la cocina lugar que nunca tuve que haber abandonado. Ahora era viernes. Más sola que ayer sin Robinson en la isla abandone el campo de batalla. Me fui con lo que quedaba de la Torre y el Alfil a jugar otro juego.

Muerte para L.

Muerte para L. III
Sonata de desamores

La insoslayable tesitura de la vida corroe esta existencia.
Y en el afán perdido de la compañía se revelan los deseos de la innombrable.

Personajes

M. y L. desapareciendo…

Acción


Nostalgia que me invade. Soledad –cine- el centro y el macdonaldsdesiempre.
Quiero abrazarte. Camino hacia las vías. No quiero contar. Necesito exorcizarte. DEsentirte. No. Extirparte.

Prólogo

“soy la lesbiana de la que tu madre te advirtió” Sáenz Peña llegando a Rivadavia, en busca del ocaso.
Hubo una vez don de la tierna princesita soñaba con su Diosa Africana.

La Ilusión

Escena I Mahollan Drive o el camino de los sueños
Calle Corrientes – Exterior- Noche
M. y L. salen del cine camino hacia la parada del 146. L. canta una canción diferente.

L. que me hiciste mal L. que no me dejas vivir.
La Giralda y el primer café y la camiseta con el paquete del Malboro y eso que escribiste que no me voy a acordar.
Las medialunas de la Academia y la primera curda en Moroco y la última curda en el Teatro. Lastima bandoneón.
Y el bar de la Facultad y el patio, vértigo, Ismael, pero el día de la primavera y el flaco y León en Puerto Madero. Fue mi primer cumpleaños con vos. Y también las Pelotas en Cemento y los Piojos en All Boys y mi morralito negro tejido al crochet.
Y nada, nada en tu casa natal.

La soledad

Escena II Un loco Amor
Calle Corrientes – Exterior- Noche
M. sale del cine con la mirada perdida. Camina por Corrientes una cuadra y cruza. Se mete en un Locutorio y pregunta la hora.

La expansión cerebral como dolor de parto nunca superado. Nacimiento atroz de una lejanía insalvable entre lo ansiado y lo posible.

Y Mientras / Tanto, y Ana Funebrera esperan para salir del papel borroneado. Quien le dará una oportunidad a la perdedora del cuento de hadas.

Nave Jungla y el primer porro en la placita de la Rural. Ese fetichista que adoro tus coturnos. Todo hubiera dado, todo, y esa noche y tu respiración y mis manos en tu panza. Me pregunto que pensabas, que sentías.
Tortuguitas y vos masturbándote. En mi casa y el último porro.

La revelación

Siempre presente, siempre ausente, siempre en mi mente, siempre en mí.


Balada para un loco y el fado en el obelisco, cadáveres exquisitos, escenas de la vida no conyugal. Bajando por Defensa hasta Humberto Primo y el Guevarabar y plaza San Telmo. Esa vez hasta Lanus después de TDH, que lejos está todo. Y el Alvear ese domingo y no parabas de llorar y no era por mi. Cuatro brazos y cuatro piernas y no alcanzaron.

La última función de Ilusos y en plenos vapores etílicos enroscados como víboras. Ese beso amargo que no se me borra.
Mar del Plata, pero también Las Toninas y San Bernardo caminado de la mano, te acordas? Barcelona, martes a la tarde, llamada internacional solo para saber como habías rendido. Nunca se te ocurrió que te extrañaba tanto como la distancia que nos separaba, que nos separa.
Y no te imaginas lo que fue la Torre sin vos.
Entonces era te prefiero compartida antes que vaciar mi vida.

Escena III
Calle Corrientes- Exterior – Noche
M. y nada más. FIN

Epílogo
La carencia crea un vació demasiado poderoso que corrompe toda lógica del texto. La sonata, música de fondo que completa un sentido inexistente.

Muerte para L.

Silvio te trajo a mi otra vez, pasó bastante tiempo desde la última vez que te colaste en mis pensamientos. Paso bastante tiempo pero como siempre no el suficiente como para no dolerme.
La saudade es inevitable, es como ese lugar común que no podemos eludir al hablar de un viejo amor. Una palabra que se que no te gusta en medio de un texto. Últimamente creo que esa palabra solo estaba prohibida para mí. Seguramente nunca te molesto en medio del discurso morado del señor del Rojas, me pregunto si te la habrá dicho. Seguro, casi puedo jugarme la vida que por otra parte ya te pertenece y desechaste hace mucho, que en la boca del pianista de Hurlingan no te hubiera hecho ruido en lo mas mínimo pero otra vez mi vida en juego el sí que no te la dijo. Viste como es esto que queremos aquello que no tenemos, una carrera trazada por lo deseado.
Ya perdí la cuenta de cuantas veces escribí mi muerte para vos, ya no sé, si vivo o soy un fantasma tratando de volver al mundo de los vivos. Un fantasma queriéndome deslizar en tu mundo. Pero por más que los haga solapadamente y despacito siempre la barrera de lo intangible me lo impide.
Así que una vez más me escribo para vos con la sencilla esperanza de que algún día leas estas muertes y me dejes volver.

miércoles, diciembre 06, 2006

Ensayo sobre la soledad II

Escribo compulsivamente para descomprimirme, para limpiarme.
Escribo otra vez en soledad y para nadie.
Escribo para consolarme y sanarme con estas palabras desoladas.
Escribo porque es la única forma de olvidar y reencontrarme.
Escribo, solo escribo, para mi, para esta que soy que se desarma y arma con sus huesos gastados, con la piel prestada, robada a los poemas malditos, con manos de otras y con mis manos imprecisas.

martes, diciembre 05, 2006

Muerte para L.

Seremos otras...

Recibiré postales del extranjero, tiernas y ajadas, besos, recuerdos.
¿Cómo están todos? Te echo de menos. Cómo pasa el tiempo...
Hoy nuevamente venís a mi, Ismael te trajo, justo que ayer miraba viejos papeles y encontré el programita de la primera vez que actuaste, te acordas? Fue en el Vitral con la muestra del primer ciclo del taller de teatro. Que nervios tenia, y si no eras buena como te lo iba a decir. Pero sí sos buena, y te lo dije ese jueves que me viniste a buscar a la Facultad porque querías dejar la Escuela. Como lo iba a permitir, si es tu pasión, si cada vez que pisas un escenario sos feliz. Y me haces feliz a mí. Por eso escribí jueves otra vez, porque ese día de tu cumpleaños era también jueves. Y ya no tenías miedo, tus compañeros se habian transformado en tus amigos. Después perdí la cuenta de los días. Actuaste muchas veces más.
Este año fue la primera vez que no festejamos juntas, 4 de septiembre, y yo chateando con esa pendeja. Que Ilusa, yo le creí. Fue un lunes esta vez, y no hubo ningún texto para vos solo un mensajito por celular. Me distraje, quize distrarme pero como siempre vuelvo a vos, porque nada ni nadie te borra. Porque son un montón las entradas de cine y de obras de teatro que vimos juntas que conservo. Porque fueron un montón los recitales. Porque fueron muchismas más las vivencias, salir juntas, crecer juntas, descubrir el mundo y nuestro mundo juntas. Y... l
as frías mañanas en la facultad, tú casi siempre huías conmigo al bar, y me enfadaba si preferías el aula a mi compañía.
Ahora se que no sos vos lo que quiero, tampoco quiero pendejas. Ahora se que soy fuerte, que tengo clara las cosas, y me metas son alcanzables.
Y en el futuro espero, compañero, hermanos, ser un buen tipo, no traicionaros. Que el vértigo pase y que en vuestras ventanas luzca el sol cada mañana.
Ya no me duele escribirte, se volvió un ejercicio conocido, cada vez más afinado. Me hubiera gustado que la conocieras. La próxima, seguro. Porque va haber una próxima, alguien quien presentarte. De alguna manera tu aprobación también es importante para mí. Vos siempre buscabas mi consentimiento, mi opinión y eso me molestaba, ahora lo entiendo. Lo necesitabas como yo en este momento.
Pero basta de lamentos, brindemos, es el momento, que estamos todos y no falta casi nadie, que hay que apurar la noche que acaba de empezar.
A veces creo que estas muertes mías para vos se van a suceder hasta el día de mi muerte para mi, la última de todas. Mi función final, mi texto final. Y como mi vida entera va estar dedicada a vos.
Vértigo, que el mundo pare, que corto se me hace el viaje. ¿Me escucharás, me buscarás, cuando me pierda y no señale el norte la estrella polar?
Sigue sonando en mi esta canción, siguen viniendo los recuerdos a visitarme, todavía mojan mis ojos las lagrimas que se me escapaban mientras escuchábamos Vértigo en el Gran Rex esa única vez que fuimos a ver a Ismael, vos, tu mama y yo.
Parece mentira pero el destino juega con nosotros de maneras muy extrañas. Al mismo tiempo que te escribo, hablamos, nunca supe bien como despedirme, creo que no quiero hacerlo, no debo hacerlo.

lunes, noviembre 20, 2006

De la serie Escritos para T.

Visita a la laguna
Imagen en movimiento



Escena I
Vos, yo y tus hermanos.

Imagen fija el obturador dispara.
Como explicarte que no me alcanzaban los ojos para mirarte y admirarte junto a la pequeña ayer en la laguna.

Los silencios esta vez eran sanadores, la pequeña sutil relataba la historia.

Y si te lo digo, si por valentía o cobardía te lo digo, a lo mejor la vida se me aliviana.
Vivir sin miedo me dijiste, y eso quiero.

Escena II

Larga travesía a casa. Viaje que sano mis dudas. Camino a la meca del amor.

Y yo te lo digo, y por escrito, como un escribano, certifico mis palabras firmándolas con acciones.
Te digo, con el derrame lujurioso de mis ojos, con las marcas de la palma de mi mano, con este anillo inventado, con mis palabras inalcanzables y con las alcanzables también.
Con este canto y alabanza a vos, que inscribo y escribo en mi. Con todo eso, te digo, construyo mi templo de amor para que vengas a rezar en el por tu descanso en mi para que te refugies y me cobijes.

De la serie Escritos para T.

Tus ojos
en mi
cayendo.
Tu boca
mar calmo
recorriéndome.
Tu piel
Suave descanso
cubriéndome.
Tu respiración
Sol de Enero
penetrándome.
Tu cuerpo
sobre mi
abrigándome.

jueves, noviembre 16, 2006

Pequeña reflexión sobre los raros anillos de la vida.


Hoy la cinta de moebius se quebró y la paradoja temporal hizo que presente y pasado se encontraran en el mismo bar.
Hoy te cruzaste a mi vereda inesperadamente, arrebatándome, y sacudiendo el polvo de tu recuerdo.
De pronto las letras se me confundieron y ya daba lo mismo la luz o las tinieblas, lo lúgubre o la ternura, lo terrible y lo sagrado.
Hoy jugué al ajedrez con la confusión y me gano descaradamente.


Quiera o no siempre vuelvo a mi viejo reducto de palabras.


Pequeña reflexión sobre los raros anillos de la vida. II

Quien será esa alimaña que se apodero de mi y me corroe de incógnito.
Cual fue mi falta en la línea de mis antepasados que pago con mis manos desechas.

Eran dos cuerpos entrelazados degradándose de a poco bajo el acido de sus bocas. Liquido que derrama palabras y silencios que duplican las heridas.

Vuelve Alejandra a consolarme meciéndome entre sus letras.


Pequeña reflexión sobre los raros anillos de la vida. III


La paciencia inacabable de la hormiga entre mis solitarias ruinas.
En tu homenaje desato estas líneas de este texto ovillado.
Y con esta boca mía en esta noche de lluvia desatada canto por tu descanso entre los libros de mi biblioteca.

Hoy viniste a mi rescate, salvadora, con tus caricias de papel.

miércoles, agosto 30, 2006

Muerte para L.

Muerte para L. I bis
La explicación
Paradójicamente, la primera de las muertes fue la de “Muerte para L. I” ya que se perdió entre tus papeles. Supongo, que quisiste desaparecer ese texto con el afán inútil de desmentirlo. O de desaparecerme.
¿Te acordas, cómo nacieron mis muertes para vos? Ese día volviendo del centro, en Once te dije por primera vez muerte para L. en un juego de palabras en complicidad con Dolina. Yo queriéndote lastimar sabiendo que era yo la sufriría.

Poco queda que explicar más que sigo escribiendo mis muertes para vos.

miércoles, agosto 09, 2006

Ensayo sobre el fracaso

En el momento en que iba subiendo las escaleras del subte hacia la estación de tren se fue tramando en mí la idea filosa, punzante y certera que no iba a lograrlo.
Esta sensación se venia gestado desde hacia un tiempo, quizás no muy largo, pero si bastante contundente. La imposibilidad de la escritura se me manifestaba de diversas maneras, por ejemplo, en el mismo instante en que la frase justa se formaba en mi, toda clase de impedimentos técnicos no me permitían grabarla de alguna manera recordable. Siempre, ella aparecía en los momentos menos oportunos, en plena somnolencia, en un largo viaje en tren o colectivo. Al mismo tiempo que mi desazón crecía, ya que la convicción de que nunca iba a poder encontrar la manera de superar estos obstáculos no me abandonaba, una variada cantidad de fantasías acerca de que mis más admirados escritores pasaban por la misma situación me invadía, con la esperanza de que en algún momento esto fuera a cambiar.
Supongo que la reina de todas estas fantasías era aquella en la que me imaginaba cumpliendo cierto horario dedicado a la escritura y robado principalmente al sueño o a la TV y en menos medida al resto de actividades necesarias para la vida. Obviamente esto jamás ocurrió y creo firmemente que no va a ocurrir. Para subsanar esta carencia me convencía fehacientemente que cuando dormía también creaba y que en cierta medida ver TV alimentaba mi imaginación. Creo que esta de más aclarar, que esto no es para nada cierto y que, principalmente, mi falencia residía y reside en mi falta de profesionalismo. Aun y por más que me cueste confesarlo, no logro superar la etapa del impulso en la escritura. Ese momento mágico en donde las palabras toman vida y solas se combinan correctamente para expresar eso que tanta carga nos produce. El problema es que esos momentos sólo aparecen espaciadamente y con un fin puramente catártico, como impulsos primarios de supervivencia. Aun más lejos estaba, y por momentos creo que está, el hecho de vivir de la escritura y que de alguna manera se convierta en una obligación, en un trabajo y así no tener que quitarle horas al ocio.
La toma de conciencia del asunto me llevo a querer obligarme a escribir comenzando con ideas sueltas sin conexión alguna y sobretodo sin el menor asomo de belleza y al menos algo de talento. Así intentaba calentar la mano escribiendo sobre lo primero que se me ocurría, pero lejos de la escritura automática de los surrealistas, a la tercera oración algo mas primordial, como ir al baño o tomar agua o simplemente asomar mi cabeza por la ventana, me sacaba de mi ejercicio. Es así, como en cada escalón que iba subiendo la idea del fracaso cobrara fuerza. Y de alguna manera esta digresión sobre mi imposibilidad de escribir lo confirma.

sábado, junio 24, 2006

Ensayo sobre la soledad I

Desde mi triste soledad ... ¿vere caer las hojas muertas de mi juventud?

Escucho el eco de mis pasos mezclandose con un tango lastimero.
y mi voz vuelve a mi sin respuestas ni preguntas.

Somos Lucho y yo otra vez.

Nostalgias de sentir su risa loca...

Sin nadie que interrumpa el silencio de estas notas.
Sin nadie simplemente.

domingo, abril 02, 2006

Ensayo sobre la Paranoia II

Sólo salir de noche está permitido porque la oscuridad te protege de las miradas. ¿Será que los vampiros le temian a las personas y no a la luz? Las miradas de los otros era lo que los convertia en diferentes.
Sólo de noche y por calles oscuras, nada de avenidas muy iluminadas, para evitar cruzarse con esos adolescentes impertinentes que descaradamente te miran con desprecio.
Miradas que deconstruyen, destruyen, forman y deforman.

sábado, febrero 18, 2006

Ensayo sobre la paranoia I

Si piensa que yo pienso que ella piensa que yo siento que ella siente y que lo dijo porque yo dije cuando ella dijo...
El reflejo en la pantalla de la PC me interroga sobre mi pasado. Me mira y se rie. ¿Sera de mi? y de quien más si no.
Ahora se rien todos, saben lo que pienso, saben que yo sé que saben lo que pienso.